miércoles, 3 de agosto de 2011

Radiografía

A pesar de estar acostumbrado, seguía odiando la sensación que deja la anestesia cuando está dejando de hacer sus efectos. Lo hacía sentir incompleto (literalmente), más de lo que ya estaba.

El cuarto era completamente blanco, y sólo había una ventana que daba al jardín exterior. Por las tardes podía ver como los demás internos daban un paseo en compañía de sus respectivos enfermeros, a lo lejos podía verse un parque.

Todos los días tenía que recibir los mismos medicamentos y una vez por semana se le aplicaba la anestesia para El tratamiento. Casi todos los internos habían fallecido a las primeras semanas de someterse a él, éste era ya su cuarto mes.

Los medicamentos no le permitían pensar con claridad, ni recordar las cosas de manera coherente. Aunque realmente no quería hacerlo, remontarse años atrás a esa tarde de Octubre en la que todo dejo de ser para él le sería muy doloroso, más en ese estado.

Cada domingo miraba por la ventana durante horas, no a los internos, observaba el parque y sus mesas vacías. Desde que se instaló en ese lugar el centro de readaptación mental el vecindario se evaporó, comprensible para gente que no conoce nada fuera de su pueblo, no quieren estar cerca de los locos. Se insistía mucho en que no saldrían del centro y que no eran peligrosos, pero el estigma social de vivir junto a un manicomio no lo quita nadie.

¿Qué pasó ese día? Era la pregunta con la que todos los días lo despertaban los médicos, al principio pareció entender que era parte del tratamiento, pero luego de cuatro meses así estaba seguro que no, era tortura, él era la nueva víctima y ellos sus verdugos. Era su venganza.

Un día no lo despertaron, miró por la ventana y no había internos paseando, había muchos que estaban acostados en el pasto, estaban dormidos. Vio su puerta abierta y caminó, hacía mucho que no caminaba sólo, fue el momento más hermoso desde hacía varios años.

Caminó mucho, las puertas estaban abiertas por primera vez en mucho tiempo, el aire corría y lo hacía sentir vivo. Se sentía como cuando tocaba el último minuto de Since I’ve been Loving You hacía tantos años, necesitaba recuperar su vida.

Sabía que había actuado mal esa tarde de Octubre, pero se dio cuenta de que no servía de nada seguir culpándose y lamentándose por lo mismo, ya era momento de levantarse.

Salió del lugar y el pueblo estaba vacío, caminó al parque y se sentó en sus mesas vacías, se recostó sobre la mesa y soñó con su vida antes y después de ese momento.

3 comentarios:

Pancho "el autor" dijo...

Sin querer esto fue una radiografía de mi estado de ánimo actual, de ahí el título.

MARIAN dijo...

animarse, que eso lo ambia todo.
un saludo
marian

Pancho dijo...

Marian: Así es, no andar con miedo de lo que pueda suceder, ya habrá tiempo de arreglarlo más adelante. Gracias por comentar.